viernes, 31 de julio de 2009

SOCIEDAD CONYUGAL...OK

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Desayunar en la cama era una de esas pequeñas cosas que le daban un enorme placer.
Fermín se quedó pensativo, escapó por la ventana.
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Cuando volvió a beber otro trago de café, lo sintió tibio, sobre ello, la voz suave de Alba que le preguntaba en que estaba pensando.
Inmediatamente volvió a ubicarse en tiempo y espacio y esbozó una sonrisa a la mujer que lo miraba atenta desde los pies de la cama.
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Le retiró la bandeja y se desplazó sobre el colchón en cuatro patas con movimientos y una mirada indudablemente sugerente.
Fermín miró el reloj y vio que aun había tiempo, se salió de bajo las sabanas e invadió a Alba por la espalda en tan solo unos pocos minutos.
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La conversación que sobrevino después de que él acabara, y exhausto apenas pudiera con su voz, fue la misma que se daba entre ellos ya por tercera o cuarta vez.
El: No te enamores de mi Alba.
Ella: Ya me lo dijiste.
El: OK.
Ella: Ahora sigue la parte en que me recordas que sos casado y que tenés un hijo con la actual y otro perdido por el mundo con una mujer que ya ni sabés por donde anda.
El: Obviémosla entonces, todo está mas que claro.
Ella: Clarísimo, como que tampoco sabré cuando vuelvo a verte por acá.
El: Así es.
Ella: No me gusta pero OK, por ahora todo va bien así.
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La ducha, la charla del tiempo, de cómo sigue el día, trabajo, sin demasiados detalles. Un beso dulce de despedida y él a su vida y ella a la suya.
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Alba se terminó de arreglar luego que Fermín se fuera, llamó por teléfono a un taxi y salió.
Mientras viajaba hacia su trabajo recibió un mensaje de Fermín: “Sos hermosa”.
Se le dibujó una sonrisa en la cara.
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El taxista la miró por el espejo retrovisor y le dijo:
- Algunos hombres saben hacer felices a las mujeres con poco, yo a la mía si no le llevo un mango, me gruñe.
- No se crea.- le contestó.
- Si, esos bien hijos de puta que con un mensaje de texto las dejan contentas.
Alba lo fulminó con una mirada agria.
- Perdón, OK, me callo la boca.
- OK.
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jueves, 23 de julio de 2009

Mas del mar

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La playa es una mujer desnuda.
Piel de arena.

El mar, un hombre.
Lenguas de sal.

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Imagen Google




miércoles, 15 de julio de 2009

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Eva delira instantes.

Camina lugares inciertos.
Delira noches,
tardes irreverentes.

Eva respira,
el aire embiste su castidad,
y la desnuda a la luz del día.

La vida la fecunda
en remolinos de cielo,
la acoge en su manto de tierra,
la baña de mar.

Eva se siente viva.

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Foto Google



domingo, 12 de julio de 2009



Los abrazos

fortalecen

sostienen

dan aire

igualan

curan
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Son necesarios.
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Me suelto para volver a abrazarte
cada uno de los dias que quieras volver.






domingo, 5 de julio de 2009

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Noches de zapatos rojos,
de suspiros largos
y pasos cortos.

Noches de tejados,
de falsos durmientes,
de acabar
surcando sabanas ajenas.

Noches que amanecen
cuando aun pende la luna,
de vestirse sin palabras
y volverse descalza.

Ganas de que el vacío
sea todo el contenido,
Y que más allá del polvo,
solo quede polvo.


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miércoles, 1 de julio de 2009

Sociedad Conyugal... Mejor, no ver.

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-Pensá María, pensá! - se repitió mientras se forzaba por hacerlo.
Volvió a increparse:
-Pensá mujer!! Con la cabeza, se fria.

Caminó como perdida por su misma casa, de cuarto en cuarto, apretando los puños y maldiciéndose por sentir pena por Fermín.
Aceptó que su proceder no estaba siendo bueno. Que necesariamente debía dejar de engañarlo, que era posible y que su fortaleza se lo permitiría.
Veinte años de matrimonio y un hijo eran una razón lo suficientemente contundente como para tomar una determinación y cumplirla.
-Todo tiene que volver a ser como antes- se dijo complacida con ella misma.

Salió a caminar, después tomó una clase de guitarra como cada lunes, llenó un chango de mercadería en el supermercado, fue a clase de portugués y mas tarde fue a ver a su médica.

Sin animo de volver a su casa y convencida que su determinación de la mañana bien valía que se hiciera un regalo, entró a una zapatería.
Dos pares de botas y una cartera, le darían a ella y por lo tanto, también a Fermín, muchos menos dolores de cabeza.
Pensó en comprarle algo a su esposo, pero debía ser algo de poca importancia de modo que no lo hiciera pensar que el mismo, tuviera que ver con una “agachada” (se rió sola mientras se formulaba esa palabra), justo ahora que ella estaba decidida a terminar con la aventura que había iniciado.
Le compró dos pares de medias. Satisfecha, volvió a su casa.

Al abrir la puerta el mutismo del espacio, las cosas muertas, observadoras cómplices de los días, le ofrecieron un impacto de hielo. Tuvo el deseo de volverse, de no entrar, pero no había ningún lugar a donde ir que le provocara satisfacción, se encontró en silencio, a solas con ella misma y le resultó insoportable. Había sentido un alivio ficticio, y la realidad, mas allá de los caros paquetes que pendían de su mano, se le impuso.
Se sintió llena de angustia, insatisfecha, aburrida y le ganó la desesperación.

-¿Qué todo sea como antes?- se dijo
-Eso es una mierda-se contestó- una verdadera porquería- enfatizó.
Sacó el celular de su cartera y escribió: “Estoy sola, te espero en media hora”.
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