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Consultorio. 19 horas.
La secretaria le tomó los datos, sacó su ficha personal y le informó que debería esperar, ya que el doctor había tenido un parto de urgencia y estaba demorado.
Alba tomó asiento en la única silla que quedaba vacía en la sala de espera. Recorrió con su mirada al resto de las personas que estaban allí, mujeres embarazadas, tres, cuatro, cinco y una sexta que no tenía panza pero traía en sus manos estudios que sin duda estarían confirmando que lo estaba. La mas próxima a ella parecía estar pronta a parir en cualquier momento, su marido, o padre del niño, la tenía tomada de una mano y con la otra le acariciaba el vientre con ternura.
Todos parecían felices.
Como una filmación grabada en su cerebro, tras cerrar los ojos, como si una extraña luminosidad la obligara a cerrarlos, la imagen de esas mujeres se le volvían a repetir una y otra vez.
Respiró profundamente y volvió a abrir los ojos, ya había menos personas en la sala, miró la hora que se había empecinado en transcurrir mas lentamente de lo normal.
Por fin escuchó su apellido en la voz de su médico que apenas se asomaba desde la puerta del consultorio, levemente abierta.
El Dr. Faver la recibió con una sonrisa y un cálido apretón de manos.
- Tanto tiempo Alba!
- Hola Doctor.
- Sentate por favor.- le indicó un sillón frente al escritorio y él ocupó el suyo, delante del ventanal que mostraba un curioso atardecer violáceo.
Luego de leer la ficha médica, levantó la vista tras quitarse los anteojos, y mirándola a la cara le preguntó que la traía por allí.
- Estoy embarazada y no quiero tenerlo.- se detuvo levemente y miró con atención que decía el rostro del medico- Estoy segura de lo que estoy decidiendo.
El doctor Faver se mantuvo impávido y en silencio. Garabateó sobre un talonario de recetas y tras ello y haciéndose cargo de la situación, la miró agudamente a los ojos y le preguntó si estaba segura.
-Totalmente – contestó Alba con una convicción que no daba lugar a dudas- Lo se desde hace unos días y no sabía a quien recurrir.
- Entiendo, pero quiero que sepas que yo no hago ese tipo de intervenciones, que las mismas tienen riesgos y que si como decís hace poco de tu última falta, no debes apurarte tanto a tomar la determinación, podés darte unos días y volver a pensarlo.
- Está decidido Dr. solo quiero saber si usted puede ayudarme.
- Sí, puedo ayudarte.
Alba sintió un alivio que se traslució en su mismo cuerpo, el cual pareció perder volumen como un globo pierde el aire al soltarle el nudo.
- Pero debés permitirme que me meta, si viniste hasta aquí siento la obligación de darte la oportunidad de reflexionar. Debo decirte que ya no sos una nena y el posible que esta situación de embarazo no vuelva a repetirse. Pensá que es la primera vez que quedas embarazada lo cual puede hacernos pensar, que mas allá de los cuidados que tuviste, puede que no te haya resultado fácil quedar y estés ahora perdiendo una única oportunidad. Es mi obligación alertarte sobre esto.
- Ya lo pensé doctor. No lo tendré. Solo necesito que me ayude a resolver este tema.
- Muy bien.
Faver abrió el cajón superior de su escritorio y sacó una tarjeta, copio los datos que había en ella en un papel en blanco y se lo entregó.
- Dr. López, hace años que se dedica a esto y es muy cuidadoso y responsable… pero… perdón Alba, ¿Qué dice el padre?
- No dice.





