domingo 8 de noviembre de 2009

SOCIEDAD CONYUGAL...Pidiendo ayuda

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Consultorio. 19 horas.
La secretaria le tomó los datos, sacó su ficha personal y le informó que debería esperar, ya que el doctor había tenido un parto de urgencia y estaba demorado.
Alba tomó asiento en la única silla que quedaba vacía en la sala de espera. Recorrió con su mirada al resto de las personas que estaban allí, mujeres embarazadas, tres, cuatro, cinco y una sexta que no tenía panza pero traía en sus manos estudios que sin duda estarían confirmando que lo estaba. La mas próxima a ella parecía estar pronta a parir en cualquier momento, su marido, o padre del niño, la tenía tomada de una mano y con la otra le acariciaba el vientre con ternura.
Todos parecían felices.
Como una filmación grabada en su cerebro, tras cerrar los ojos, como si una extraña luminosidad la obligara a cerrarlos, la imagen de esas mujeres se le volvían a repetir una y otra vez.
Respiró profundamente y volvió a abrir los ojos, ya había menos personas en la sala, miró la hora que se había empecinado en transcurrir mas lentamente de lo normal.
Por fin escuchó su apellido en la voz de su médico que apenas se asomaba desde la puerta del consultorio, levemente abierta.
El Dr. Faver la recibió con una sonrisa y un cálido apretón de manos.
- Tanto tiempo Alba!
- Hola Doctor.
- Sentate por favor.- le indicó un sillón frente al escritorio y él ocupó el suyo, delante del ventanal que mostraba un curioso atardecer violáceo.
Luego de leer la ficha médica, levantó la vista tras quitarse los anteojos, y mirándola a la cara le preguntó que la traía por allí.
- Estoy embarazada y no quiero tenerlo.- se detuvo levemente y miró con atención que decía el rostro del medico- Estoy segura de lo que estoy decidiendo.
El doctor Faver se mantuvo impávido y en silencio. Garabateó sobre un talonario de recetas y tras ello y haciéndose cargo de la situación, la miró agudamente a los ojos y le preguntó si estaba segura.
-Totalmente – contestó Alba con una convicción que no daba lugar a dudas- Lo se desde hace unos días y no sabía a quien recurrir.
- Entiendo, pero quiero que sepas que yo no hago ese tipo de intervenciones, que las mismas tienen riesgos y que si como decís hace poco de tu última falta, no debes apurarte tanto a tomar la determinación, podés darte unos días y volver a pensarlo.

- Está decidido Dr. solo quiero saber si usted puede ayudarme.

- Sí, puedo ayudarte.

Alba sintió un alivio que se traslució en su mismo cuerpo, el cual pareció perder volumen como un globo pierde el aire al soltarle el nudo.
- Pero debés permitirme que me meta, si viniste hasta aquí siento la obligación de darte la oportunidad de reflexionar. Debo decirte que ya no sos una nena y el posible que esta situación de embarazo no vuelva a repetirse. Pensá que es la primera vez que quedas embarazada lo cual puede hacernos pensar, que mas allá de los cuidados que tuviste, puede que no te haya resultado fácil quedar y estés ahora perdiendo una única oportunidad. Es mi obligación alertarte sobre esto.
- Ya lo pensé doctor. No lo tendré. Solo necesito que me ayude a resolver este tema.
- Muy bien.
Faver abrió el cajón superior de su escritorio y sacó una tarjeta, copio los datos que había en ella en un papel en blanco y se lo entregó.
- Dr. López, hace años que se dedica a esto y es muy cuidadoso y responsable… pero… perdón Alba, ¿Qué dice el padre?
- No dice.


sábado 17 de octubre de 2009

Sociedad Conyugal... Preguntas

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Alba amaneció confundida, desenroscándose la manta con que su madre la había tapado cuando se quedó dormida en el sillón.
Se levantó rápido y fue al cuarto de baño.
Se miró al espejo y vió aun estampadas en su cara las dos líneas rojas.
Comprendió que no había estado soñando, que realmente estaba embarazada y que no quería tenerlo.
Se preguntó por donde empezar, que hacer, con quien hablar, a donde ir.
Se dio cuenta que habían cuestiones laborales pendientes a las cuales no había considerado. Tuvo la sensación entonces, de que todo estaba detenido a su alrededor y que nada mas que lo que le estaba sucediendo tenía importancia cierta.
Necesitó volver a su casa, estar a solas. Le dejó a su madre una nota sobre la mesada de la cocina y se fue.
La mañana estaba agradablemente fresca, soleada, pero al instante de haber salido a la calle, se encerró en ella misma. Cuando volvió a abrirse al mundo, se hallaba en su departamento.
Sacó de la agenda un número de teléfono y llamó.
Una voz áspera atendió del otro lado.
- Consultorio…
- Necesito ver al Dr. Faver
- Bueno, le puedo dar un turno pa…
Alba no la dejó continuar
- Hoy, necesito verlo hoy
La voz no tuvo modificación alguna y como en un recitado monocorde continuó:
- Es la primera vez?- le preguntó
- No, y necesito verlo.
- Señora, el doctor tiene todos los turnos tomados para hoy. ¿Es urgente?
- Si – contestó.
- Muy bien, le daré un sobreturno para última hora, le parece bien?
- Claro
- A las 19 hs. Nombre?
- Alba Dessó
- Obra Social?
- Colegio de abogados.
- Bien, si tiene estudios previos tráigalos.
- Si- dijo Alba aliviada y cortó.

Gabriela abrió el último cajón de la cómoda y sacó de entre un sinfín de papeles su titulo universitario.
Lo miró y volvió a guardarlo casi con urgencia, cuando escuchó la puerta de entrada, sorprendida de que Martín regresara por la mañana, cuando habitualmente en ese horario estaba en su trabajo. Salió del cuarto a su encuentro, con el corazón acelerado como habiendo estado en falta.
Su marido se paró delante de ella justo a la salida de la habitación, no registró su estado, y sin preámbulos ni mediaciones, le informó que necesitaba tener una charla con ella.
- Nunca podemos hablar tranquilos- continuó - últimamente ya ni nos encontramos en la cama. Se te ha dado por leer en la cocina por las noches y te das maña para volver al cuarto en el más absoluto silencio para que yo no me despierte.
Ella solo lo miraba.
- ¿Vos te crees que yo soy de palo?- le preguntó sarcástico.
Hizo un minuto de silencio esperando escucharla.
- No vas a decirme nada?- Martín levantó el tono de vos al no recibir respuesta.
- Esto no es una charla, nunca podemos tenerla, siempre terminas gritando- le contestó ella en voz baja.
- Es que con vos no se puede hablar, te callás la boca y no decís nada.- Volvió a gritarle.
- No digo lo que quisieras escuchar y eso es lo que te molesta. Siempre te ocupás de lo que te pasa a vos y no se te ocurre preguntarte lo realmente importante. La pregunta correcta sería: ¿Qué nos está pasando?.

domingo 11 de octubre de 2009

Sociedad Conyugal...Hijos.



Marta trató de sobreponerse al mirar a su hija a los ojos y encontrar en ellos una profunda desesperación.
Se acercó y la abrazó. Alba, simplemente se dejó abrazar.

- Siempre pensé que tu marido no podía ser padre… nunca te pregunté por que no habían tenido hijos, recuerdo que el se baboseaba con los nenes, amaba a los de Emma.

Marta se alejó de su hija, abrió la heladera sacó la tarta de puerros y una botella de gaseosa. Luego puso dos platos sobre la mesa y unos cubiertos.

- Vamos a comer, esto te gusta y seguro que no has comido en todo el día.
Luego de servir, continuó:

- No me horroriza nada hija, este tema no es nuevo, en mi época también pasaba, pero aun no entiendo por que las mujeres caen en estas situaciones desesperantes. Antes había menos información, pero hoy donde el sexo es como un guiso de lentejas, donde por todos los medios se pasan recetas, me hace pensar que el tema tiene que ver con algo más profundo y a la vez entupido.-Se calló unos instantes y luego preguntó- ¿Por qué no tuvieron hijos con Aldo?
- Yo no quería - Respondió Alba, mientras urgaba con el tenedor su porción de tarta- Alguna vez Aldo quiso convencerme, dejamos de cuidarnos, pero nunca vinieron, supongo que de no haberse muerto, el tema se hubiera instalado más fuerte entre nosotros… Fueron cinco años de matrimonio y solo nos interesaba nuestro trabajo, disfrutar y viajar.
Sus ganas de llorar se le hicieron incontenibles. Por primera vez hablaba de este tema con su madre.
Marta le tomó la mano con fuerza y le alcanzó unos pañuelos de papel que sacó del bolsillo de su bata.
Alba lloró como no lo hacía desde el día que por teléfono, alguien le informara que su esposo había tenido un accidente en auto y había fallecido.

Marta vió a su hija llorar. Mordió fuerte y cerró los ojos, mientras le acariciaba la espalda, Alba se había recostado sobre la mesa y lloraba con un desconsuelo que parecía no detenerse.
Como tantas veces, sintió el dolor terrible por no poder evitarle el sufrimiento.


Ya había aprendido que eso era imposible, alguna vez cuando al acompañarla a dar un examen, el límite le estuvo puesto cuando la maestra cerró la puerta en sus narices y la dejó afuera, solo viendo a través del vidrio de la puerta, la imagen de aquel guardapolvo blanco que caminaba a solas hacia un escritorio solitario y frio. O cuando apenas tenía unos meses y tuvieron que operarla, al entregarla en manos de la enfermera que se la llevaba al quirófano.
Allí comenzó a entender que sus hijos no eran suyos, sino a través suyo, pero no dejaba de preguntarse por que entonces los sentía como parte de su cuerpo, como de su carne, como aun asidos a sus entrañas y era capaz de sufrir sus mismos dolores y de hasta dar su vida por ellos.
“Uno ya no regresa al tener hijos, pensaba, la vida deja de ser tan propia y queda a expensas de sus de sus dolores y de sus mismas felicidades.”

Pintura: Patricia Goria

martes 22 de septiembre de 2009

SOCIEDAD CONYUGAL...NO


Alba volvió al baño, se puso la ropa que había olvidado ponerse un rato antes y se paró nuevamente frente al espejo.
Allí estaban aun, las dos líneas rojas, pegadas, atornilladas a su cara como marco a sus profundas ojeras. Una mirada acerada, espinosa, acida.
Repaso su pelo y salió.
Ya en la calle se dio cuenta que había olvidado llamar al taxi. Prefirió no detener a ninguno por el momento.
Caminó y caminó hasta reparar que en dos cuadras estaba en el edificio de su madre.
Abrió con su llave y como registro de que estaba viva, olió el mismo aroma que la perfumaba de niña cada vez que entraba al hall del edificio.
El impacto fue fuerte y nuevamente a manotazos espantó la nostalgia.
Su madre la esperaba con el viejo salto de cama verde y pantuflas.

-Albita, mi amor que anda pasando?- la recibió con un beso en la mejilla, como siempre, sin mas demostración de afecto que esa- Vení a la cocina, estoy por preparar un té.

La casa estaba opaca, triste, pero Alba ya se había acostumbrado a esa penumbra que van poniendo los años de las personas, a la casa que habitan, como si el aire mismo dejara de tener frescura, como si la luz brillara menos y apenas tuviera fuerza para filtrarse por las ventanas.
La cocina seguía siendo el único espacio animado, vivo, allí parecía conservarse la frescura de aquella familia que alguna vez formaron ella, sus padres y su hermana.

Marta sirvió las dos tasas de té y las puso sobre la mesa.
-¿Querés comer algo nena?... tengo tarta de puerros que sobró del mediodía… pero que raro que viniste… ¿que te anda pasando?...
¿Tenés hambre?
- No tengo hambre mamá.
Alba esperó unos instantes a que su madre se sentara.
- Aja, entonces?... contame, ¿Qué te anda pasando?
- Me acabo de enterar que estoy embarazada, y no quiero tenerlo.- Alba apresuró la última frase, sospechando que dicha noticia podría resultar feliz, cuando en realidad no lo era.-Y necesité venir a casa, contarte...- continuó, con voz entrecortada, haciendo un esfuerzo por no dar rienda suelta a su angustia.

Marta la miraba silenciosa. Alba sabía que su madre estaba pensando, ordenando sus ideas. La dejó que lo hiciera.
Esta vez le pareció que tardaba más de lo habitual.
- Y lo vas a tener?- le preguntó de repente.
- No.
- Aja
Nuevamente silencio.
Marta miró a su hija a los ojos.
- ¿Estás segura?
- Si.
Ambas mantuvieron un intercambio de miradas, sosteniendo un silencio agrio, comprimido de preguntas.
- Y el padre?- preguntó Marta con cuidado.
- No importa- Le contestó bajando la vista
- Bueno… importa, habrás pensado que a él puede importarle, no?.
- No, no le importaría, o no lo se- agregó con indiferencia a la situación- Es más tengo dudas de quien es.
Marta se tiró sobre el respaldo de su silla y dejó escapar un suspiro, como si ya no pudiera mantener una postura lógica frente a la situación que pareció sobrepasarla. Se sintió confundida, enredada con los hechos.
- Bueno, nena, para mi ya es demasiado.



- Ya es demasiado tarde Pedro, vamos a dormir, y mucho cuidado con hacer ruido, no despiertes a papá- dijo Gabriela con voz susurrante.
Pedro imitó su susurro:
- Si mami.
Anita ya dormía, de modo que cuando vió a sus hijos en sus camas y bien tapados, apagó la luz y en silencio se dirigió a su cuarto, haciendo doble esfuerzo para no hacer ningún ruido.
No quería despertar a Martín.
No quería tener sexo.
Ni ninguna conversación al respecto.
Cuando hubo estado bajo las sabanas y continuó escuchando su leve ronquido tuvo la señal de su sueño profundo, y que lo había logrado.



miércoles 16 de septiembre de 2009

Sociedad Conyugal..."Mamá"


Abatida, tan cansada y deshecha como si hubiera corrido una maratón, Alba salió del baño.
Las manos húmedas y a medio vestir.
El celular iluminaba con intermitencia la penumbra del living, sobre el sillón, pegado a la cartera que había quedado abandonada cuando llegó.
Cinco mensajes de texto y dos llamadas perdidas.
Sobre el escritorio una foto estática de momentos felices con su marido.
La voz torturante de su propia conciencia.
Una melodía alegre viniendo de algún lugar, cerca, donde los gritos y las palmas hablaban de una fiesta. Gente alegre, por ahí, por donde el mundo parecía continuar.
Y una noche larga que auguraba no acabar al salir el sol.
Abrió el celular por inercia, sin ninguna intensión de comunicarse con nadie. Mensajes: Fermín, Mara, Mara, Dr. Fritchner, Mamá.
“Mamá”… “mamá”… “mamá”.
Como si hubiese hallado un refugio tierno se dejó caer en el sillón.
Llamadas: Mara, Mara.
Necesitaba abrigo, un abrazo, alguna palabra.-“Mamá”- dijo bajito.

-Mamaaaaaa, mamaaaaaaaaaaaaaa- Pedro gritó en el medio de una congoja que en lugar de acallarlo parecía vigorizar su grito- Esta pibita me jode, parece que hizo un curso de idiota y viene a practicar acá, yo quiero mirar la tele!!!... Mamaaaaaaaa!!- volvió a gritar.
Gabriela se sobresaltó, dejó el libro que estaba leyendo sobre la mesa de la cocina y se presentó en la escena.
La situación se calmó entre Pedro y su hermana al verla aparecer. Ambos levantaron la mirada hacia ella y con ojitos mártires esperaron la resolución desde su madre.
-Hagámoslo simple – dijo Gabriela- Pedro mira su programa acá y vos Anita, podés ir a bailar a tu cuarto. Lleva tus disfraces, allí tenés el espejo mas grande para poder mirarte. Y no hagas mucho ruido, papá está durmiendo.
Acarició la cabeza rubia de su hija que juntaba del piso, peines, zapatos y trapos de reina.
- En media hora a la cama, si?
- Si mami- dijo Anita
- Un rato mas, porfi!!!, cuando termine la peli- pidió Pedro.

Alba sintió “santo remedio” en esa palabra.
Miró la hora, no era tan tarde. Marcó el número de teléfono y esperó.
- Hola hija, hola Albita!!!!, viste?, te mandé un mensaje.
- Hola mamá.
- Estoy practicando, ya no tardo tanto en escribir mensajes de texto, tu hermana se armó de paciencia y me estuvo enseñando.
- Que bueno mamá.- intentó darle entusiasmo a su voz.
- Te pasa algo nena?, te noto rara.
- Si mamá estoy rara. Estas sola?
- Si, pero que pasa?
- ¿Puedo ir para allá?
- Claro nena, pero me asustas… estas bien de salud?
- Si, esperame, llamo un taxi y voy para allá.

Pintura: José Luis Muñoz

jueves 10 de septiembre de 2009

Sociedad Conyugal... Alba

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Alba entró al cuarto de baño cerrando la puerta tras de sí, como si del otro lado hubiera alguien.
No lo había, estaba sola.
Reparó en ella un estado de cierta vergüenza, algo relacionado a la clandestinidad con que se movía.
Abrió la caja del test de embarazo y leyó cuidadosamente las instrucciones.
Se bajó el pantalón y las bragas, como le gustaba llamar a sus bombachas y se sentó en el inodoro con las piernas lo suficientemente abiertas como para poder meter su mano con el recipiente plástico que sacó de la caja y tomar una muestra de su orina.
Lo llenó y lo retiró con cuidado, ubicándolo en el piso, luego tomo la varilla con el reactivo y la sumergió en el líquido.

Por espacio de unos minutos, mientras esperaba el tiempo indicado para leer el resultado, apoyó sus manos sobre la loza fría del lavatorio y se miró absorta en el espejo. Reaccionó en su contra, de manera casi inmediata, ante el primer indicio de auto conmiseración, dando un manotazo literal al aire, como si espantara a un insecto.

Al volver del manotazo, nerviosa y acalorada, su vista se topó con el recipiente plástico en el piso. Se agachó experimentando una fervorosa esperanza de que aquella situación pasara al olvido unos segundos después. Llegó a prometerse cuidados infinitos en caso de salir victoriosa de la situación.

Tomó la varilla y se la acercó a los ojos…un poco mas… mas, sus pupilas se apiñaban sobre su nariz… y un poco mas, hasta casi rozar su cara… las dos líneas rojas, bermellón, coloradas como estridentes y brillosos tomates, se le treparon de un salto por la nariz, y cuando levantó el rostro y volvió a encontrarse con su imagen en el espejo, las vió animadas, pegadas a su cara.
No tuvo conciencia del tiempo transcurrido, absorta mirándose al espejo.
El sonido pegajoso de un insecto revoloteándole a su alrededor, el “rington” pesado de su celular, la trajo de regreso, se asustó al ver su entrecejo fruncido y en su ojo esas líneas púrpura, atravesándolo.
Cuando abrió la boca, una bocanada de furia retumbó entre las paredes del cuarto de baño.

Imagen: Marcos Rey


miércoles 2 de septiembre de 2009

Sociedad Conyugal... Consecuencias

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Alba llamó por teléfono a su amiga. Quedaron en encontrarse en un café a dos cuadras del obelisco antes de ir al estudio.
Mara la esperaba en una mesa junto a la ventana. La vio llegar y supo por su mirada que algo no andaba bien.
- Estoy embarazada - le dijo sin prólogos- y no tengo muy claro de quien es.
Silencio. Mara empalideció repentinamente y por mas voluntad que pusiera en encontrar que decir, la garganta se le hizo un nudo.
- Acabo de comprar un test que me haré a la noche en casa. Y no quiero que me digas nada, solo que vayas pensando en algún lugar donde pueda resolver este problema en caso que las putas rayitas se pongan intensamente rojas.
Mara entendió que la determinación estaba tomada.
- ¿Cuántos días de atraso?- le preguntó.
- Veinte.
- Es un hecho entonces… ¿Cómo venía tu ciclo?
- Asquerosamente regular, relojito diría, cada 30 días. Si tuviera unos años mas pensaría feliz en la menopausia, pero ni a palos, solo tengo 38 y mi madre empezó a joder con los calores cuando llegó a los cincuenta. La predisposición hereditaria no me alienta en estos momentos.
- Veo que no.

Gabriela se entretuvo mirando por la ventana de su casa el jardín opaco por el invierno. El pueblo estaba silencioso. Luego, deliberadamente recorrió toda la casa, observando con detenimiento cada espacio y cada rincón sobre los cuales no solía reparar.
Por momentos, tomaba conciencia de un cierto ensimismamiento en el que se encontraba, mientras hacía mecanicamente algunas tareas.

Martín volvió a su casa para la hora de la cena. Cansado y de mal humor, aún sentía dolor en la pierna derecha, la misma que amortiguó su caída del tapial, cuando debió salir corriendo de la casa de María, al escuchar ambos, el sonido del portón mecánico, que se abrió sorpresivamente.


Fermín esperó que el portón volviera a cerrarse, el perro lo embistió alegre, lamiendo su rostro en señal de bienvenida. El le respondió con unos golpes suaves en el lomo.

Alba llegó a su departamento mas temprano de lo habitual, particularmente aturdida por los ruidos de la ciudad. Abrió su cartera y sacó el test de embarazo.