jueves 10 de diciembre de 2009

SOCIEDAD CONYUGAL... Jarabe para la Tos.

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- ¿Quién fue tan oportuno como para interrumpir tu orgasmo?- preguntó Martín desde el baño.
- Mi marido- contestó María desde la cama.
- Ah! Bien, deberíamos pensar que es el único que tiene derecho a hacerlo, no?... - Martín intentó ser gracioso- Parece que no te causa gracia lo que digo.
- No claro que no y dejame entrar al baño por favor, tengo que irme, Valeria está por volver a casa. Quiero almorzar con mi hija.
Martín se acercó hasta la cama y acarició a la mujer.
- Sos un verdadero placer María… a veces me pregunto cual es la razón por la que seguís casada con Fermín. Supongo que no estás bien atendida, pero vos te empecinas en decir que no tienen problemas en la intimidad… y sabés?, no te creo.
- Eso te pasa por que suponés que la única atención que requiere una mujer es en la cama, y si es así, yo en tu lugar estaría tomando algunas precauciones, no vaya a ser cosa que tu mujer se sienta tan mal atendida como decís que estoy yo.
Se puso de pie, evidentemente molesta y caminó hacia el baño, dejándolo con su mano extendida en el aire.
- Mi mujer está bien atendida, no me compares con Fermín.
- Y yo tampoco debo compararme con ella verdad?- se escuchó la voz de María mezclada con el agua de la ducha.
- No, son diferentes.
- Claro, por que ella aún no te mete los cuernos.

Los dos se vistieron en silencio. Revisaron la habitación, atentos a no olvidarse nada, y salieron al garaje para subir al auto. A esa hora del día el hotel tenía apenas un par de habitaciones tomadas y no corrían riesgo de que los viera algún conocido del pueblo, que como ellos, debían viajar unos kilómetros para ir en busca de una tramposa intimidad.
En veinte minutos estarían de vuelta en el pueblo.
- Creo que estuve mal, a veces hablo de mas.- Martín se mostró arrepentido por sus últimos dichos.
- No dijiste mas que lo que pensabas, no puede ofenderme por eso, solo me doy cuenta que no entendiste nada.
- No te enojes María, la pasamos bien juntos…
- Tranquilo Martín, todo está bien, es inevitable que nos vayamos conociendo, y que pasen estas cosas. Dejame en la quinta de Paula, agarro mi auto y me voy a casa.
- Muy bien señora, así se hará.
Diez minutos después y tras haber tomado las reservas necesarias para que nadie la vea descender del auto de Martín, María se encontraba dentro de la quinta. Caminó hacia la casa, abrió la puerta, entró y desapareció en la oscuridad del interior.
Paula abrió las ventanas para que entre la luz del mediodía a la casa, miró a María a la cara y sin demasiado preámbulo le preguntó a que se debía ese ceño fruncido cuando se suponía que volvería esplendida de satisfacción.
- Es como todos, no entendió nada. Piensa que le meto los cuernos a Fermín por que soy una insatisfecha sexual.
- Y a vos que te importa lo que él piense, no me vas a decir que te estas enamorando de ese tipo, no?
- Pensé que era distinto y que me entendía cuando le hablaba de lo que me pasaba.
- y que le dijiste que te pasaba, si se puede saber?- Preguntó Paula manejando sutilmente su habitual ironía.
- Que Fermín es el mismo hombre que hace diez años atrás, que no me acompaña, que no puedo hablar de nada con él, que no tenemos nada que compartir más que criar a Valeria.
- ¿Qué mierda tenés que hablar de tus cosas con él?- Preguntó Paula subiendo el tono de voz y mostrando su disgusto repentino.- Es un tipo casado que no debe tener mas intensión que tener una aventura con vos para mantener saludable su matrimonio, para él es como tomar un jarabe para la tos, después duerme tranquilo al lado de su mujer, que además también duerme tranquila por que tiene un marido satisfecho que no le rompe las bolas.
María se quedó callada, sacó de su bolso las llaves del auto y se despidió de su amiga.
- No te equivoques María, los hombres saben muy bien como separar el amor del sexo, ellos lo hacen con naturalidad, siempre lo hicieron y lo tuvieron permitido y hasta indicado, las discapacitadas a ese respecto somos muchas mujeres de nuestra generación. No te enamores de Martín, si?
María cerró la puerta tras sus espaldas y el sol del mediodía pegó fuerte en su cara.


jueves 3 de diciembre de 2009

SOCIEDAD CONYUGAL... Puerta Ciega.

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- Llegamos - le anunció el Negro.
Alba sacó el dinero de la cartera y le pagó, pidiéndole que se guardara el cambio.
- Gracias y que tenga buen día.
Vió al taxi perderse entre las calles amplias y casi desiertas, y recién allí volvió a releer la dirección a la que se dirigía:”Los Cerritos 2945”. Buscó hacia donde subía la numeración de la calle y empezó a caminar lentamente. El sol tibio le resultó grato para menguar el frío que se había apoderado de su cuerpo, se registró tensa y con un miedo desconocido, infrecuente.
El barrio, de casas bajas, con veredas anchas y arboladas, la hicieron sentir lejos de su mundo cotidiano, la tranquilidad del lugar le pareció adecuada para el tipo de consulta que iba a hacer. Se veía poca gente por la calle y algunos comercios perdidos en cada cuadra.
2945, una puerta ciega, de madera marrón oscuro y un portero eléctrico recubierto con una pequeña reja amurada a la pared. Luego de oprimir el timbre, una voz femenina, interferida por algún ruido en la línea, le indicó que empujara la puerta con fuerza y que una vez adentro, volviera a cerrarla.
Así lo hizo, tras lo cual se encontró encerrada en un pequeño espacio no mayor de un metro cuadrado, entre la puerta, sin picaporte interno que le permitiera volver a abrirla, y una reja desde el piso hasta al techo, que la separaba de una escalera. Sobre la pared izquierda encontró otro portero con un cartel en letras rojas que decía “Toque timbre” Volvió a hacerlo. Registró como transpiraban sus manos y el resto de su cuerpo. Mientras esperaba ansiosamente volver a escuchar a esa mujer, se desabrochó el abrigo, sintiéndose algo mas aliviada.
- Buenos días- escuchó la voz por el intercomunicador- ¿Quién la manda?
- El Dr. Faver- contestó Alba como una autómata.
Hacía tiempo que no se observaba tan insegura y sin saber como actuar. Su profesión de abogada la había formado para mostrarse segura y siempre sabiendo como comportarse. Así se veía fuera de su intimidad y, en desafortunadas ocasiones, dentro de la misma también.
El sonido de la puerta le indicó que podía abrir la reja para darse paso hacia la escalera.
Subió despacio sintiendo el temor propio a lo desconocido, al llegar al primer piso una mujer vestida con un guardapolvo verde la esperaba.
-Buenos días- le dijo – pase por acá por favor.
La guió hasta una habitación que por su mobiliario le hizo tomar cuenta de que era un consultorio.
- Siéntese, el Dr. López la atenderá en diez minutos, espérelo aquí por favor, si necesita algo toque este timbre – le indicó un botón que se hallaba sobre el escritorio.
La mujer giró sobre sus talones y se retiró cerrando la puerta del consultorio.
El escritorio vacío se hallaba en el medio del cuarto y a ambos lados dos sillas idénticas, razón por la cual, solo la cajonera le dio indicios de cual sería el lugar del médico y cual el suyo.
Se sentó, luego de quitarse el abrigo y doblarlo sobre su falda. Comenzó a recorrer el espacio con la mirada. Al frente una biblioteca llena de libros con los lomos descoloridos y ajados, un par de portarretratos con fotos también añejas de un jovencito “antiguo” con guardapolvo blanco, un diploma en su mano, abundante cabellera negra y un fino y prolijo bigote. Otra foto del mismo joven, con una mujer que parecía ser su madre. Al lado de la biblioteca la puerta por donde había ingresado. Las dos paredes laterales estaban colmadas de cuadros, los de la derecha, replicas de obras de pintores famosos y los de la izquierda diplomas extendidos por universidades y escuelas de estudios de diferentes lugares del país, post grados y cursos, todos referidos a ginecología y obstetricia.
Atrás suyo una ventana amplia, cubierta con una cortina naranja pálido, también descolorida y mareada por el sol. Todo se veía absolutamente limpio y ordenado, como si cada objeto tuviera una perfecta y única ubicación. Lo corroboró al acercarse a la ventana y correr la cortina para asomarse hacia la calle; vió que la pared que circundaba la ventana tenía un color mas intenso al estar protegida por el cortinado. Entonces, pensó Alba, las paredes también están desteñidas como el resto de los objetos del lugar. Miró hacia la puerta, para asegurarse que no había nadie viéndola y se aproximó a un cuadro, volvió a mirar a la puerta y con su dedo índice lo corrió levemente hasta poder ver que tras él, la pintura de la pared era de un color amarillo mas intenso que lo que se veía en el resto del ambiente.
El sonido de un mensaje de texto en su celular la sorprendió de tal manera que le provocó una instantánea aceleración del corazón. Caminó dos pasos hasta la silla que había elegido para sentarse y se quedó inmóvil con la vista fija en la puerta de entrada.

El sonido de un mensaje de texto en su celular, que estaba sobre la mesa de luz, la sacó de clima. El brazo que rodeaba la espalda desnuda de Martín, perdió fuerza y cayó sobre la sabana.
Mientras tanto él, pronto a acabar, se mantuvo indiferente a la repentina ausencia de María, ocupándose pura y exclusivamente de su placer.

Fermín aguardaba a ser atendido por el gerente de compras de una fábrica de plásticos a la cual visitaba todas las semanas, mientras tanto esperaba que Alba y María respondieran los mensajes de texto que terminaba de enviarles.
-Fermín pase, Gorostisa lo está esperando.- Le informó la secretaria.
Fermín guardó su celular y siguió los pasos de la mujer hasta la oficina del gerente
Una hora mas tarde, al salir de la reunión y mientras se dirigía al estacionamiento a buscar su auto, abrió el teléfono y solo vió la respuesta de María: “Acá todo bien, estoy saliendo de mi clase de yoga. Te mando un beso”.

viernes 27 de noviembre de 2009

SOCIEDAD CONYUGAL... Taxi

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El taxi se detuvo a unos metros de Alba, lo alcanzó en unos pasos y subió.
El chofer la miró con detenimiento por el espejo retrovisor. Aquella cara no le resultaba indiferente y mucho menos desconocida. En un instante supo quien era, -“La mujer del celular” – se dijo para si.
Al recordarla no pudo menos que hacer una cara de disgusto, asociándola al episodio reciente con su mujer, que Alba había provocado, sin saberlo.
- A donde vamos?- le preguntó el Negro a Alba.
“No se” pensó ella sin emitir palabra.
-Ok, yo arranco, cuando lo decida me dice, no puedo quedarme parado en esta esquina, como sabe lo mío es andar y andar, si me detengo pierdo. No puedo darme el lujo de pensar demasiado, vió?... para algunos las cosas son así, blancas o negras.
Alba escuchó.
“Es verdad- pensó- las cosas a veces pierden sus matices, al momento de hacerse cargo de las consecuencias de los sucesivos hechos equivocados que uno comete, es necesario ser practico y allí las cosas son blancas o negras, no hay términos medios.”
- Muy bien doña, a donde la llevo?... por mí paseamos si quiere, pero a usted le va salir caro y posiblemente llegue tarde a la cita.
- No… vamos a… Los Cerritos al 2700.
-Ok… vamos para allá, tenemos un rato largo de viaje, queda en las afueras de la capital y hoy el trafico está insoportable.
Alba sintió conocida aquella vos que decía “Ok”, lo miró con detenimiento sin resultados, no le parecía conocer a ese hombre, sin embargo algo en su voz, en su estilo e inclusive el espacio en el auto le resultaban familiares.
El taxista comprendió lo que le sucedía.
- Me conoce, la llevé hace unos días. Que casualidad, no?
- Si
Automáticamente y tras ese “sí” por demás de escueto, el Negro comenzó a escuchar la voz de su esposa luego de aquel episodio con el celular que aún intentaba olvidar, hasta que la aparición de Alba recrudeció con nitidez la escena.
“Sí, me estas metiendo los cuernos. Ahora decime, desde cuando te pusiste romántico vos?- le gritaba la Negra parada frente a él y con una mirada por demás amenazante- ¿Te crees que soy idiota? Jamás me decís nada y de repente se te ocurre mandar un mensaje de texto a media mañana diciéndome que soy hermosa!! Atorrante, me estas cagando y te equivocaste de número, ese mensaje no era para mí!... encima de que la plata no alcanza para nada, vos andas perdiendo tiempo por ahí con alguna puta, por que quien mas que una de “esas” podría darte bola!... pero mirate, hombre grande, mirate la cara, la panza, esa panza llena de las cervezas que te tomás cada día al llegar a casa y que te dejan tirado y dormido en el sillón. Y yo hermosa!!! No me hagas reir, mirame- le gritaba- mirame te digo, levantá esa cabeza llena de boludeces y mirame… - él levantó la vista hacia la Negra y la miró- Ves?- continuó ella cada ves mas visiblemente enojada-¿Qué me ves de hermosa?, decime- le ordenó, sin darle tiempo a que su marido responda- achanchada estoy, de estar acá, en esta casa, limpiándoles la mugre cada día a vos y a tus hijos. Dios! Desagradecido, nadie ve lo que hago solo por que no da plata y encima me metes los cuernos!”

El bajó nuevamente la cabeza y entendió en silencio que sería grotesco el solo hecho de intentar explicarle lo sucedido, que de repente había tenido ganas de cambiar algunas mínimas cosas y sentir, salir del piloto automático y sentir. Se preguntó como había llegado a ser éste hombre que tanto distaba de aquel inquieto y esperanzado que se había casado con aquella Negra hermosa, que hacía parar la respiración a más de uno cuando se paseaba caminado por el barrio.

Con enorme esfuerzo y no menos sorpresa para él, detuvo unas lágrimas que querían salir. Se las tragó. Hacía mucho tiempo que no sentía esa sal dolorosa por su garganta.

Caminó silencioso hacia la cocina, mientras seguía escuchando tras de sí el molesto murmullo de su esposa que continuaba reclamándole un sinfín de cuestiones históricas de las cuales nunca habían hablado, abrió la heladera, sacó una cerveza y se sentó en el sillón frente al televisor, tomó el control remoto y lo encendió. En ese preciso momento dejó de sentir.

-Falta mucho?
La voz de Alba lo volvió a la realidad.
- Mire doña, yo hago lo que puedo, vió?. Le pongo buena intención, pero mi taxi no tiene alas, anda sobre cuatro ruedas, sobre la tierra, entiende?
-Claro que entiendo y no pretendo que vuele, solo que me diga cuanto tardaremos?
El taxista volvió a mirarla por el espejo y observó en ella, como la otra vez, una tristeza que le atravesaba la mirada, le dio pena y sin pensarlo dijo:
- Mire doña, le diré algo y seguro usted no va a entender por que lo hago, usted tiene una mirada triste y yo digo, ¿Por qué no hace algo para salir de ahí?, usted se ve una mujer inteligente, debe ser medica o algo parecido, es decir estudiada, y puede rajar de donde no está bien, me parece que usted está a tiempo… disculpe, pero se lo quería decir, tiene cara de buena gente usted, este trabajo hace que uno aprenda a conocer las caras, vio?
Alba lo miró seria.
- Ok doña, mejor me callo la boca, evidentemente lo mío es solo manejar este tacho.

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Esta entrada se la dedico a mi colega bloggers Delivery Post-Crucifixión, a quien tengo el gusto de conocer personalmente, y quien me ha contado cuanto le gustó este personaje del taxista. Gracias Ricardo por tus palabras y por estar siempre acá, en este lugar desde donde abrigo la esperanza de alguna vez pasar al papel.


domingo 22 de noviembre de 2009

SOCIEDAD CONYUGAL...Cerrando puertas.

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A la mañana siguiente Alba se despertó con un profundo dolor de cabeza, confundida y apurada. Mientras se ponía de pie recordaba la última escena de la noche, e intentaba organizar su día a partir de su visita al doctor López, la cual no quería postergar.
Salió del cuarto y encontró a Fermín, le espantó ver en su rostro una tranquilidad que ella obviamente no tenía, nuevamente la señal inequívoca de que en él todo continuaba normalmente, mientras que para ella el tiempo habían casi dejado de transcurrir, las noches ya no separaban los días, y cerrar los ojos no significaba descansar.
- Iba a despertarte- le dijo él- pensé que era bueno dejarte dormir un rato mas, te moviste toda la noche, estabas sobresaltada.
- Voy a ducharme.
Alba se encerró en el cuarto de baño, esperando que al salir él ya no estuviera allí.
Pero sí, allí estaba.
- No puedo creer que la charla de anoche te pusiera tan mal, nada de lo que hablamos es nuevo, siempre aceptaste mi situación. Nunca te mentí Alba, ni te prometí nada más de lo que tenemos.
- Muy bien, es verdad- le contestó mientras buscaba en el placard la ropa que se pondría para salir- has sido siempre dueño de una honestidad brutal, siempre orgulloso de ella, pero solo la has usado conmigo. Pregunto, por que no usas esa misma honestidad con tu mujer, le contás de nuestra relación y tratas de averiguar cual es la razón por la cual llevás esta doble vida? Tu mujer en el pueblo, y una amante en la ciudad. Por que no usas esa honestidad con vos mismo?
- Me cansaste Alba, no se que diablos te pasa que me estás haciendo escenas melodramáticas que no voy aguantar. Me voy.
Tomó sus cosas y cerró con un golpazo la puerta.

Alba se sintió aliviada con su partida, aunque paralelamente, la ceguera de Fermín le provocó un asco repentino. No supo bien en esos instantes, a cuales de las razones se debía esa imperiosa y casi incontrolable ganas de vomitar que la llevaron corriendo hacia el baño.
Ya repuesta, se apresuró para salir. Pasaría por su estudio a dejar algunos asuntos arreglados antes de ir al consultorio de López.
Cuando estaba por salir recordó que su madre estaría preocupada y la llamó por teléfono.
- Hola Alba, que bueno que llamaste, estaba por irme a mi clase de cocina china. Alguna novedad hija?
- Nada madre, todo bien, andá que vas a llegar tarde, te llamo a la noche, si?
- Claro, mejor por que a esta hora el transito está pesadísimo y los colectivos tardan mucho. Pero no te olvides de llamar a la noche.
- Quedate tranquila mamá.

Alba cortó y su boca dibujó una leve sonrisa de alivio. Hacía un tiempo veía como su madre, aun manteniéndose lúcida e inteligente, podía oportunamente poner distancia a algunos temas dolorosos.
Como si una protección inconciente le permitiera hacer su vida, conectarse y desconectarse de situaciones a las cuales ella no podía darle solución y así seguir viviendo de manera apacible.
Alba se sintió tranquila, sabia que su madre estaba bien.
Al llegar al estudio se encontró con Mara que la esperaba visiblemente ansiosa y molesta por su incomunicación.
- Ya se - Le dijo Alba - y tenés razón, te inmiscuyo en mis problemas y luego desaparezco, pero quiero que sepas que no he podido mas que pensar en mi y como resolver este tema.
- Seguís pensando en no tenerlo?
- Si, nada ha cambiado, por lo cual te pido que te hagas cargo del estudio en estos días que no solo estaré dispersa sino que también me ausentaré bastante.
- Eso está descontado, pero quiero acompañarte en estos momentos, no podés hacerlo sola.
- Puedo mujer, claro que puedo, solo trato de desdramatizar la situación para que sea posible llevar esto adelante y no ponerme en situación de victima.
- Alba, parece que hablaras de vender un inmueble, no puedo creer verte tan dura.
- No hay opciones en este caso. Así es más fácil.
- Pero es necesario que sientas, que te conectes con el tema, podrías arrepentirte si seguís pensando que esto es una transacción comercial.
- Gracias Mara, se que me querés mucho, pero te aseguro que se lo que hago. No quiero tener un hijo, no lo desee nunca, ni lo busqué. Y espero que no estés queriendo llevar al tema al terreno moral.
- No llevo el tema a ningún lado- contestó algo molesta- Siempre te cuidaste, me pregunto que pasó en esta ocasión, no será que ahora si querés tener un hijo?
Alba no contestó, puso sobre su escritorio una pila de papeles e hizo una selección con los mismos, luego le indicó a Mara cuales de ellos tenían urgencia.
- Al menos sabés quien es el padre, no? Se que para el caso da lo mismo, pero…
- Es lo mismo, da igual, pero sí, se que es de Fermín, el gallego con el que me pase una noche de juerga en el congreso de Mendoza, se cuidó muy bien y las fechas no coinciden.
- Pero Alba, tal vez este hijo haga que Fermín tome la determinación de dejar a su esposa… - Mara hizo un silencio repentino mientras veía como el rostro de su amiga se desfiguraba en un instante- nada, no dije nada, y hablando del gallego, te anda buscando, ayer llamó dos veces.
Alba le contestó intentando dejar pasar aquellas últimas palabras, tratando de hacer como si no hubiera escuchado nada.
- Decile al gallego, si vuelve a llamar, que viajé unos días, no le des mi celular, posiblemente a la vuelta de estas vacaciones forzadas lo llame.
Mara se quedó callada viéndola revolver más papeles que iba sacando de los cajones.
- Ah! Por favor- le pidió Alba sobresaltada- mandá a un cerrajero al departamento y que cambie la cerradura.- Observó la cara de desconcierto de su amiga- ahora tengo que irme, prometo contarte mas tarde cuando vuelva a buscar la nueva llave.
Cerró su cartera, abrazó a Mara y salió de la oficina. Unos segundos después volvió a abrir la puerta encontrando a Mara en la misma posición que la había dejado antes de cerrar la puerta tras de sí.
- Tal vez la pregunta no sea por que quedé embarazada, sino por que quiero abortar. La respuesta tiene que ver con el cambio de cerradura, necesito que Fermín salga de mi vida y no vuelva a entrar. Vos sabés muy bien que un hijo no retiene a un hombre y no quiero que sea una razón para detener una determinación que yo debo tomar. Atiendo a que el inconciente es sumamente tramposo, pero como siempre uno es dueño de dejarse trampear o no. Y no quiero tener un hijo, es mi vida, mi cuerpo y mis sentimientos. Fijate como es el tema, Fermín no solo no se entera de la situación, sino que tampoco ha podido mirarme y darse cuenta que algo distinto me esta pasando. Solo ve su ombligo. Tal vez a esto se refería mi madre cuando me decía que estas cosas tiene que ver con cuestiones muy profundas, no? Y te digo mas- agregó luego de tomar una bocanada de aire- no atribuyo a que su indiferencia sea la causa de mi determinación, la decisión es absolutamente mía mas allá de lo que él haga, si?
Volvió a cerrar la puerta tras de sí y avanzó con pasos decididos por el pasillo hasta el ascensor, mientras en su cabeza aparecía fugazmente la imagen de su hermana Emma.
Al salir a la calle el aire fresco de la mañana pareció darle un cachetazo, su paso se hizo más lento y la ciudad volvió a quedar en silencio. Sacó de la cartera el papel con la dirección del Dr. López, se paró en el cordón de la vereda y extendió su brazo para detener un taxi.

domingo 15 de noviembre de 2009

SOCIEDAD CONYUGAL... Noche Cerrada.

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Alba tomó el papel que le dió El Dr. Faver y lo leyó en silencio. Le preguntó si no tenía algún teléfono para poder llamar antes de ir.
- No da teléfonos. Andá directamente a esa dirección. Con el trabaja una enfermera desde hace muchos años que te dirá que ir haciendo.
Alba dobló el papel y lo guardó en su cartera, tras ello se puso de pie y le extendió la mano al médico que ya se había parado junto a ella con mas ganas de darle un abrazo que un apretón de manos. El rostro endurecido de la mujer lo apartó de su intensión.
Otra vez la calle, y ella a solas. Caminó hasta perderse en sus propios pensamientos y despertó con el sonido de la bocina de un auto, del cual el conductor, casi saliendo por la ventanilla, le gritaba que tuviera cuidado.
-Te querés matar? – escuchó que le decía con tono insultante.
El auto también se perdió en la calle arrebatada y quedó repicando en ella esa pregunta que el desconocido le adivinó en un instante.
Comenzó a sentir frío y hambre, el atardecer violáceo se había convertido en noche cerrada y todo el mundo volvía a casa.
Ya estaba cerca. Paró en una rosticería y compró algo para comer, luego de ello, y tal vez por el contacto cotidiano con otras personas, se sintió conectada a la realidad. Miró el celular y vio un mensaje de su madre, otro de su amiga Mara y el último de Fermín que le avisaba que estaba llegando.
Cuando abrió la puerta del departamento supo que Fermín ya había llegado y estaba allí.
La mesa estaba puesta y la comida servida. La estaba esperando. Alba sintió una extraña sensación al terminar de comprender con ese acto, que la vida para el resto del mundo continuaba de la misma manera y que era ella quien estaba en una pausa con la misma.
Verlo allí con una sonrisa tibia le provocó una debilidad a la que no estaba dispuesta por estos días. Debía ser dura y no dejarse llevar por emociones que distrajeran y confundieran su determinación profundamente sentida.
Con esfuerzo se mantuvo lo mas natural posible, pero no le llevó mucho tiempo darse cuenta que Fermín difícilmente se diera cuenta de que le estaba pasando algo, ya que él también estaba haciendo un esfuerzo por parecer natural y escondía un dolor que no tardó en ventilar, cuando en el medio de la conversación que mantenían de manera amena, mientras cenaban, y en un exabrupto de los que lo traicionaban habitualmente, dijo con cierto odio que estaba seguro, que María, su mujer, lo estaba engañando con otro.
Alba sintió que el cuerpo se le helaba y sin mover un músculo de su cuerpo lo siguió observando, le dejó la cara pero ya no lo escuchaba.
Su mente retrocedió en un instante al día en que lo vió por primera vez.
Ella había viajado a Pueblo Chico a visitar a su hermana y su visita coincidió con una fiesta a la que Emma asistiría con su marido. Le ofrecieron ir y ella aceptó. Hacía ya un año de la muerte de Aldo y desde que había enviudado, nunca antes había sentido deseos de participar en ninguna reunión donde fueran más de diez personas.
Allí le presentaron a Fermín y a María, entre otras tantas parejas amigas y conocidas. En los pueblos chicos todos gozan de una familiaridad por momentos agradable y por otros, espantosamente invasora.
Su llegada al pueblo la ponía como blanco de las miradas y el cuchicheo poco disimulado de las personas que se hacían con ella historias necesarias para sobrevivir a una baja dosis de vida propia.

- Alba, parece que no me estás escuchando- le dijo Fermín.
- Y con quien te engaña?- Preguntó sobresaltada y de inmediato, intentando no demostrarle que estaba hundida en sus recuerdos.
- Acabo de decirte que no lo se, pero no escuchaste nada, termino de pedirte disculpas por hablar de esto con vos.
- Y con quien vas a hablarlo si no es conmigo- le contestó con una molestia repentina e incontrolable - No creo que puedas ir a charlar esto con tus amigos del pueblo. De seguro no te hará gracia quedar como un cornudo, no? Aunque conociendo el lugar, estoy segura que más de uno ya lo está diciendo.
Fermín se sintió sorprendido, no esperaba esa acidez por parte de ella.
- Además- continuó- para el caso, tu mujer está haciendo justicia, vos no sos un santo y por si te olvidaste, desde hace dos años soy tu pelotuda amante.
- ¿Qué te pasa Alba?- preguntó levantando la voz.
- Nada, hombre, a mi nunca me pasa nada- Le gritó de manera irónica mientras se retiraba del comedor hacia el cuarto de baño.
Hundió su cara en el agua que desbordaba de la cavidad hecha con sus propias manos y se refrescó. Se secó con la toalla lentamente y al quitarla de su rostro, se encontró frente al espejo y nuevamente allí, las dos líneas rojas, atravesando su mirada.
Vió sus ojos brotando de lagrimas de forma inmediata. Volvió a enjuagarse, se secó y furiosa salió del baño.
Lo buscó en la cocina.
- Y me hago cargo, aquí la única responsable de mi situación soy yo misma, por haber aceptado tus migajas para no sentirme tan sola.
- Basta Alba- Pidió Fermín.

domingo 8 de noviembre de 2009

SOCIEDAD CONYUGAL...Pidiendo ayuda

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Consultorio. 19 horas.
La secretaria le tomó los datos, sacó su ficha personal y le informó que debería esperar, ya que el doctor había tenido un parto de urgencia y estaba demorado.
Alba tomó asiento en la única silla que quedaba vacía en la sala de espera. Recorrió con su mirada al resto de las personas que estaban allí, mujeres embarazadas, tres, cuatro, cinco y una sexta que parecía estar pronta a parir en cualquier momento, su marido, o padre del niño, la tenía tomada de una mano y con la otra le acariciaba el vientre con ternura.
Todos parecían felices.
Como una filmación grabada en su cerebro, tras cerrar los ojos, como si una extraña luminosidad la obligara a cerrarlos, la imagen de esas mujeres se le volvían a repetir una y otra vez.
Respiró profundamente y volvió a abrir los ojos, ya había menos personas en la sala, miró la hora que se había empecinado en transcurrir mas lentamente de lo normal.
Por fin escuchó su apellido en la voz de su médico que apenas se asomaba desde la puerta del consultorio, levemente abierta.
El Dr. Faver la recibió con una sonrisa y un cálido apretón de manos.
- Tanto tiempo Alba!
- Hola Doctor.
- Sentate por favor.- le indicó un sillón frente al escritorio y él ocupó el suyo, delante del ventanal que mostraba un curioso atardecer violáceo.
Luego de leer la ficha médica, levantó la vista tras quitarse los anteojos, y mirándola a la cara le preguntó que la traía por allí.
- Estoy embarazada y no quiero tenerlo.- se detuvo levemente y miró con atención que decía el rostro del medico- Estoy segura de lo que estoy decidiendo.
El doctor Faver se mantuvo impávido y en silencio. Garabateó sobre un talonario de recetas y tras ello y haciéndose cargo de la situación, la miró agudamente a los ojos y le preguntó si estaba segura.
-Totalmente – contestó Alba con una convicción que no daba lugar a dudas- Lo se desde hace unos días y no sabía a quien recurrir.
- Entiendo, pero quiero que sepas que yo no hago ese tipo de intervenciones, que las mismas tienen riesgos y que si como decís hace poco de tu última falta, no debes apurarte tanto a tomar la determinación, podés darte unos días y volver a pensarlo.

- Está decidido Dr. solo quiero saber si usted puede ayudarme.

- Sí, puedo ayudarte.

Alba sintió un alivio que se traslució en su mismo cuerpo, el cual pareció perder volumen como un globo pierde el aire al soltarle el nudo.
- Pero debés permitirme que me meta, si viniste hasta aquí siento la obligación de darte la oportunidad de reflexionar. Debo decirte que ya no sos una nena y el posible que esta situación de embarazo no vuelva a repetirse. Pensá que es la primera vez que quedas embarazada lo cual puede hacernos pensar, que mas allá de los cuidados que tuviste, puede que no te haya resultado fácil quedar y estés ahora perdiendo una única oportunidad. Es mi obligación alertarte sobre esto.
- Ya lo pensé doctor. No lo tendré. Solo necesito que me ayude a resolver este tema.
- Muy bien.
Faver abrió el cajón superior de su escritorio y sacó una tarjeta, copio los datos que había en ella en un papel en blanco y se lo entregó.
- Dr. López, hace años que se dedica a esto, es muy cuidadoso y responsable… pero… perdón Alba, ¿Qué dice el padre?
- No dice.


sábado 17 de octubre de 2009

Sociedad Conyugal... Preguntas

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Alba amaneció confundida, desenroscándose la manta con que su madre la había tapado cuando se quedó dormida en el sillón.
Se levantó rápido y fue al cuarto de baño.
Se miró al espejo y vió aun estampadas en su cara las dos líneas rojas.
Comprendió que no había estado soñando, que realmente estaba embarazada y que no quería tenerlo.
Se preguntó por donde empezar, que hacer, con quien hablar, a donde ir.
Se dio cuenta que habían cuestiones laborales pendientes a las cuales no había considerado. Tuvo la sensación entonces, de que todo estaba detenido a su alrededor y que nada mas que lo que le estaba sucediendo tenía importancia cierta.
Necesitó volver a su casa, estar a solas. Le dejó a su madre una nota sobre la mesada de la cocina y se fue.
La mañana estaba agradablemente fresca, soleada, pero al instante de haber salido a la calle, se encerró en ella misma. Cuando volvió a abrirse al mundo, se hallaba en su departamento.
Sacó de la agenda un número de teléfono y llamó.
Una voz áspera atendió del otro lado.
- Consultorio…
- Necesito ver al Dr. Faver
- Bueno, le puedo dar un turno pa…
Alba no la dejó continuar
- Hoy, necesito verlo hoy
La voz no tuvo modificación alguna y como en un recitado monocorde continuó:
- Es la primera vez?- le preguntó
- No, y necesito verlo.
- Señora, el doctor tiene todos los turnos tomados para hoy. ¿Es urgente?
- Si – contestó.
- Muy bien, le daré un sobreturno para última hora, le parece bien?
- Claro
- A las 19 hs. Nombre?
- Alba Dessó
- Obra Social?
- Colegio de abogados.
- Bien, si tiene estudios previos tráigalos.
- Si- dijo Alba aliviada y cortó.

Gabriela abrió el último cajón de la cómoda y sacó de entre un sinfín de papeles su titulo universitario.
Lo miró y volvió a guardarlo casi con urgencia, cuando escuchó la puerta de entrada, sorprendida de que Martín regresara por la mañana, cuando habitualmente en ese horario estaba en su trabajo. Salió del cuarto a su encuentro, con el corazón acelerado como habiendo estado en falta.
Su marido se paró delante de ella justo a la salida de la habitación, no registró su estado, y sin preámbulos ni mediaciones, le informó que necesitaba tener una charla con ella.
- Nunca podemos hablar tranquilos- continuó - últimamente ya ni nos encontramos en la cama. Se te ha dado por leer en la cocina por las noches y te das maña para volver al cuarto en el más absoluto silencio para que yo no me despierte.
Ella solo lo miraba.
- ¿Vos te crees que yo soy de palo?- le preguntó sarcástico.
Hizo un minuto de silencio esperando escucharla.
- No vas a decirme nada?- Martín levantó el tono de vos al no recibir respuesta.
- Esto no es una charla, nunca podemos tenerla, siempre terminas gritando- le contestó ella en voz baja.
- Es que con vos no se puede hablar, te callás la boca y no decís nada.- Volvió a gritarle.
- No digo lo que quisieras escuchar y eso es lo que te molesta. Siempre te ocupás de lo que te pasa a vos y no se te ocurre preguntarte lo realmente importante. La pregunta correcta sería: ¿Qué nos está pasando?.